domingo, 24 de agosto de 2014

EN LUGO CULPAN A LA VESPA VELUTINA POR LA MUERTE DE SUS COLMENAS 

 

Los apicultores mariñanos están «aterrados coas velutinas»

Productores creen que la avispa invasora es ya una auténtica plaga

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Mari Fe Sixto es una de las apicultoras más laureadas de A Mariña. La calidad de su miel ha sido reconocida con tres oros, tres platas y un bronce por la Consellería de Medio Rural, a través del Consello Regulador Mel de Galicia. Desde el año pasado el número de colmenas de su explotación se ha reducido de unas cien a setenta. Personalmente cree que detrás de esta drástica pérdida está la Vespa Velutina, aunque un veterinario de la asociación de apicultores inspeccione su explotación y hará un diagnóstico.
«Os apicultores estamos aterrados coas velutinas», asegura., añadiendo que ya les está llegando información de que están ante una plaga, como puede ser la del escarabajo, con la que van a tener que convivir. Cuenta Sixto que la velutina llegó a Francia desde Asia en un contenedor de madera y desde el país galo se ha ido extendiendo, avanzando unos cien kilómetros por año, pero han sido capaces de controlarla. 
T
rampas para cazarlas
Los apicultores, aparte de destruir los nidos que se localizan están colocando trampas para cazarlas. Sixto explica que las colocan alrededor de la explotación. La velutina acude a las áreas donde están situadas las colmenas para capturar abejas. Las suelen cazar al vuelo, cuando regresan a casa, ya cansadas, de recolectar. Otro apicultor de Vilacampa (O Valadouro) señalaba que ha visto cómo les arrancan la cabeza y el aguijón a las abejas y luego se las llevan para alimentar a la cría, porque son carnívoras: «Son listas, sempre van á máis débil», señala Sixto, explicando que en su explotación, en abril y mayo, con mucha floración, empezaron a salir enjambres y veía que trabajaban bien y que había buenas perspectivas para la campaña. Sin embargo hacia final de mayo y en junio empezaron a llegar las avispas asiáticas y «as colmeas empezaron a ir a menos. Penso que as abellas ó mellor teñen medo e xa non saen. A min desde o ano pasado baixáronme moito, porque morreron ou non sairon enxames, e non lle boto a culpa ó síndrome da colmea, senón á velutina», afirma la apicultora.

Buscar soluciones
Su situación puede servir para ilustrar lo que está pasando con el resto de los apicultores de la comarca. Dos de los que ha consultado esta redacción aseguran que la producción va a mermar mucho y será muy inferior a la del año pasado. Pero las repercusiones no se ciñen sólo al ámbito de la apicultura. La abeja es fundamental para la polinización y si muere se va a resentir todo el sistema: «Estamos aterrorizados, pero si Francia o superou...e no País Vasco e Cantabria vano levando...O que teñen que facer é buscar algunha solución, que nos axuden e punto».
También habla de la necesidad de actuar contra los nidos por la noche, que es cuando las avispas están dentro, no durante el día, como están haciendo ahora, porque durante el día están fuera y al volver detectan el olor del tratamiento que les administran en el nido y ya no entran y se van a crear otro. 
 Aparte de matarlas con el producto específico que están utilizando, cualquier persona puede colocar trampas caseras que matan a las avispas, pero no a las abejas. Consiste en una botella de plástico cortada por la parte superior y a la que se le coloca la parte del cuello dentro, formando un embudo. Dentro hay que echar un vaso de vino blanco, otro de cerveza negra y medio vaso de zumo de arándanos. Las avispas, comunes y velutinas, van al alcohol, se meten dentro y quedan atrapadas. Cada día habrá que retirarlas y cada 15 días cambiar e líquido. Sixto asegura que en su explotación siempre encuentra velutinas, unos días 8, otros 16...