jueves, 18 de agosto de 2016

Los apicultores de UCCL claman contra la excesiva concentración de colmenas

Los apicultores locales piden “un mayor respeto” entre los propios apicultores para que la trashumancia no se convierta un problema entre foráneos y locales
Burgos está entre las provincias más caras para instalar una colmena en el monte público, pudiendo alcanzar los seis euros, según datos de UCCL
Los apicultores reivindican el papel fundamental de los polonizadores, como función esencial para la naturaleza



Los problemas del sector apícola no se resumen a la llegada de la vespa velutina. Más allá de esa amenaza de primer orden, los apicultores de la Unión de Campesinos (UCCL) vienen advirtiendo que la trashumancia se ha convertido en uno de los retos a los que se enfrenta en estos momentos el sector y resulta más profundo que la invasión de la avispa asiática. Aunque reconocen que la trashumancia es algo inherente y necesario a la apicultura, “el incremento de esta práctica en los últimos años es tan notable que los perjuicios derivados de tanta colmena se han convertido un clamor entre los apicultores locales”, asegura Juan Carlos Merino, responsable de apicultura de UCCL.
Merino: “Las explotaciones de Burgos se están viendo severamente afectadas en sus rendimientos por la presión de colmenas”
En este sentido, Merino asegura que “las explotaciones de Burgos se están viendo severamente afectadas en sus rendimientos por la presión de colmenas”. Al mismo tiempo, asegura no estar en contra de la trashumancia “porque es imprescindible para la apicultura”. Sin embargo, la mayor proximidad entre colmenas es un problema que ve agravado por la constante pérdida de recursos florales que está atravesando el planeta. De hecho, según algunos estudios, se ha perdido el 50 por ciento en los últimos 25 años, por lo que la producción de las abejas es cada vez menor.
Sin embargo, Merino avanza que muchos apicultores negarán este problema porque “quieren acceder a nuestra comunidad sin ninguna regulación”. De hecho, él mismo reconoce que no se trata de poner más leyes, ya que “España es el país que más legislación tiene sobre apicultura”. Por lo que para él es necesario “un mayor respeto entre los apicultores”.
Otro gran problema es la “puja excesiva por los pastos apícolas en el monte público”, indica Merino, quien añade, “esto va en contra de lo que deberíamos predicar, los servicios gratuitos de polinización que las abejas generan”. De hecho, a nivel estatal debería haber una ley de apoyo a los polonizadores para quitar el poder de decisión a los ayuntamientos locales sobre si permite o no el aprovechamiento de los pastos apícolas. De esta forma se aumentaría la oferta, por lo que la distribución de las colmenas sería más amplia y sufrirían menos daños.

Burgos, entre las más caras

Según indica Merino, hay municipios burgaleses en los que se llega a pagar hasta seis euros por colocar una colmena. Sin embargo, hay en otras comunidades en las que es gratuito. En este sentido, aunque cree que su actividad debería de ser gratuita por los beneficios naturales que aporta, Merino estima que 2 o 3 euros por colmena sería más justo. Incluso, otra opción sería que los apicultores ayudasen al cuidado de los caminos como forma de pago al municipio.
Como reflexión final, Merino se pregunta si todos estos problemas por los que atraviesa el sector no suponen una “traición al objetivo fundamental de la apicultura: poner en evidencia el papel de los polonizadores”.